Cara y cruz de la mayor calima sahariana jamás registrada

Cada verano, grandes cantidades de partículas de polvo, la calima, atraviesan el océano Atlántico arrastradas por el viento desde el cálido y seco desierto del Sáhara, en el norte de África. Datos del satélite Aeolus y de los satélites Sentinel del programa Copernicus de la ESA muestran el alcance de la columna de polvo de este verano, apodada “Godzilla”, durante su viaje por el Atlántico.

Planeta 2030

Esta tormenta de polvo también se conoce como la “capa de aire sahariana”, que suele formarse entre finales de primavera y principios de otoño, alcanzando su máximo entre finales de junio y mediados de agosto. Fuertes vientos cerca de la superficie y tormentas eléctricas hacen que asciendan por el aire caliente grandes cantidades de partículas de polvo del desierto africano, que pueden flotar durante días o semanas, dependiendo de la sequedad, la rapidez y la turbulencia de las masas de aire. A continuación, los vientos de la troposfera más alta arrastran el polvo por el océano Atlántico hacia el Caribe y los Estados Unidos.

La columna de junio de 2020 es insólita por su tamaño y la distancia recorrida

A pesar de que este fenómeno meteorológico tiene lugar cada año, la columna de junio de 2020 es insólita por su tamaño y la distancia recorrida. Según los Laboratorios Oceanográficos y Meteorológicos del Atlántico (AOML) de la NOAA, la columna presenta alrededor de un 60-70% más de polvo que los focos habituales, lo que la convierte en el fenómeno más polvoriento desde que comenzaron los registros, hace veinte años.

Propagación de aerosoles procedentes de las columnas de polvo sahariano que se desplazaban hacia el oeste por el océano Atlántico entre el 1 y el 26 de junio. 

Normalmente, las columnas de polvo sahariano se dispersan en la atmósfera y se hunden en el Atlántico antes de llegar a América. En cambio, este año, la densa calima ha viajado unos 8.000 km y se la puede ver llegar cerca del Caribe y el sur de los Estados Unidos.

Los datos de Aeolus ofrecen información valiosa sobre la altitud y el alcance vertical de la capa de aerosoles —en comparación de las cámaras que miran hacia abajo—, ya que puede determinar la altura a la que está viajando la capa de polvo. Los datos de Aeolus en esta imagen indican que la mayoría del polvo se hallaba a unos 3-6 km de la superficie.

Estos datos son extremadamente importantes para los modelos de calidad del aire utilizados, por ejemplo, por el Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copernicus para predecir hasta dónde viajará la capa de polvo, cómo evolucionará y, en consecuencia, qué efectos tendrá a nivel local.

Los distintos satélites transportan instrumentos que pueden proporcionarnos mucha información complementaria. Mientras que el satélite Sentinel-5P de Copernicus cartografía numerosos contaminantes del aire en todo el mundo, Aeolus es la primera misión satelital que adquiere perfiles de los vientos a escala planetaria. Aeolus también ofrece información sobre la distribución vertical de las capas de aerosoles y nubes. Esta combinación de datos satelitales permite a los científicos entender mejor la capa de aire sahariana y a los meteorólogos predecir la calidad del aire con más precisión.

Calima Cuba
La nube de calima sobre Cuba. Foto: ESA.

Los beneficios de la calima

Si bien el polvo supone una amenaza para nuestra salud, pues provoca calima y dispara las alertas de calidad del aire, el polvo del Sáhara desempeña un papel clave en nuestro ecosistema. Es una importante fuente de nutrientes esenciales para el fitoplancton: las plantas microscópicas que flotan cerca de la superficie de nuestros océanos. Algunos de los minerales del polvo caen en el océano, provocando la proliferación de fitoplancton que, a su vez, proporcionará el alimento del que dependen otras especies marinas.

El polvo también es esencial para la vida en el Amazonas. Provee de nutrientes los suelos de la selva. Nutrientes que, de otro modo, se agotarían por las frecuentes lluvias en esta región tropical.

También se ha demostrado que las capas secas y polvorientas impiden el desarrollo de huracanes y tormentas en el Atlántico. Para que se formen las tormentas tropicales es necesario que las aguas del océano y el aire húmedo estén calientes. Si comenzase a formarse una tormenta, chocaría con las capas de aire seco y polvoriento de la nube de polvo sahariano, que le impediría ir a más.

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